Quienes somos?


Misión

 

   La misión de la Iglesia Adventista del 7mo Dia es proclamar el evangelio eterno a todas las gentes, en el contexto del mensaje de los 3 ángeles de Apocalipsis 14:6-12, llevándolas a aceptar a Jesus como su Salvador personal y a unirse a su iglesia, fortaleciéndoles en su preparación para su pronto regreso.

 

Visión

   En armonía con las grandes profecías de las Escrituras, vemos el clímax del plano de Dios, y la restauración de toda su creación para completa sintonía con su perfecta voluntad y justicia. La armonía con el testamento perfecto de El y la rectitud en armonía con las profecías de las Escrituras. 

 

Historia de la Iglesia Adventista en Venezuela

 

    Desde 1908 cuando la Iglesia Adventista sintió su presencia en territorio Venezolano, por intermedio de los hermanos Lane y Greenidge, hasta el momento que se estableció, por iniciativa de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, la Misión Venezolana, siempre se quería tener una iglesia autóctona.Es cierto que debemos agradecer a los pioneros que nos dieron la oportunidad de caminar por senderos de crecimiento.

   Pero también es nuestro deseo crecer dentro de nuestras propias raíces y siguiendo nuestras propias pautas.En el año 1927, como ya fue dicho, la Misión Venezolana fue unida a la Unión Colombo Venezolana para formar una Unión. Durante ese tiempo la iglesia mantuvo un crecimiento normal, pero siguiendo directrices desde muy lejos. No podemos quejarnos, pero era necesario darle a la iglesia en Venezuela su propia identidad para que de esa manera pudiéramos tener un crecimiento más sostenido.

   Alguien ha dicho: “Los planes de Dios no conocen ni premura ni demora”. Nuestro tiempo es en muchas ocasiones muy diferente al de Dios. Son muchas las ocasiones en que tratamos de poner nuestros planes por encima de los divinos y es en ese momento en el que Dios actúa. Eso es lo que le sucedió a la iglesia adventista en Venezuela. En 1986, siendo presidente de la República el Dr. Jaime Lusinchi, se sucede un problema de tipo internacional con el vecino país Colombia. El problema ocurre cuando un barco de guerra colombiano trató de entrar en aguas venezolanas, los barcos de guerra venezolanos hacen disparos de advertencia y se produce el enfrentamiento entre ambos países (hasta este momento están en disputa territorial).

   Esto trae no sólo problemas de tipo político entre ambos territorios, si no también tensión entre los ciudadanos residentes de estos países. El que escribe este trabajo vivía en Colombia y pudo notar este tipo de problemas, de tensión en muchos casos, especialmente al notar que era un venezolano.La Iglesia no tenía problemas, pero se creyó oportuno, por esa razón y muchas otras, hacer un estudio para dividir ambos campos. Por tal motivo, se tomaron los votos solicitando tal estudio.

   El 4 de junio de 1988, en la ciudad de Caracas, se pensó que era el momento oportuno para tomar tal decisión. Ya los venezolanos, teníamos suficiente capacidad para tomar las riendas de la IGLESIA AUTÓCTONA.

   De esa manera, se tomaron los acuerdos y el 7 de marzo de 1989, en la población de Cúcuta, Colombia, se tomó el siguiente voto que se transcribe: “El Pr. George Brown, solicitó al secretario, Pr. José H. Figueroa presentar el informe de las comisiones que habían dado el estudio al reajuste de territorio.

   Después de terminada la presentación, el mismo Pr. Figueroa, propuso aceptar dicho informe que inmediatamente fue apoyado siendo las 8:44 pm., los delegados en sesión, votaron el reajuste de territorio en: Unión Colombiana y en Unión Venezolana Antillana en el momento de dividir la Unión se tenían sólo tres campos en todo el territorio formado de la manera siguiente: 167 iglesias organizadas, 43.758 miembros, 73 ministros ordenados, 85 maestros con credencial, 51 ministros licenciados, 70 misioneros con licencia, 61 colportores y de otros obreros 70 para un gran total de 410 obreros.

   Desde el momento de la organización nos pusimos a trabajar con el objetivo de sacar adelante la Iglesia Autóctona y el Congreso nombró las siguientes personas para conformar el cuadro ejecutivo de la iglesia: Pr. Iván Omaña G., Presidente; Prof. Gonzalo Prada, Tesorero; Pr. Héctor Sánchez, Dir. Ministerios de iglesia; Pr. Gustavo Garrido, Dir. Educación y Comunicación; Pr. Raúl Rodríguez, Dir. Ministerio Laico y Evangelista; Pr. Mirto Presentación, Dir. Salud y Temperancia y Publicaciones. en enero de 1989 se reorganizó el campo de la Asociación Oriental en dos nuevos territorios: La Misión Venezolana Oriental y la Asociación Central.10 Otro de los campos que había crecido considerablemente fue la Asociación Occidental.

   En noviembre de 1992 se dividió el territorio en dos nuevos campos: La Misión Occidental y la Asociación Centro Occidental.

   Para atender una región especial como lo era la Gran Sabana de Venezuela, (territorio indígena, bajo un régimen especial de protección, situada en la zona Sur Este de Venezuela) el 3 de diciembre de 1991 se creó, por voto de la Unión, la Misión Experimental Indígena. Que tenía como propósito principal atender un ministerio especializado con ese grupo étnico que tanto lo necesitaba.

   De esta manera estábamos cumpliendo con esta parte en la atención de los intereses directos de la “Iglesia Autóctona”.Una de las necesidades básicas de la Iglesia era el de desarrollar una filosofía pastoral que fuera autóctona y que estuviera acorde a las necesidades específicas de nuestro territorio. Por lo tanto se le pidió a INSTIVOC, que era nuestra Institución preparada para tal fin, que hiciera los estudios que condujeran a colocar en su campus el nuevo seminario. En enero de 1990 la Iglesia toma el acuerdo de organizar el Seminario Adventista Venezolana (INSTIVEN) y después de un año se convierte en una Institución Superior.

   Y fue así, con mucha satisfacción que para julio de 1994 tendremos los primeros 28 ministros graduados con una pastoral autóctona.La próxima prioridad tenía que ver con el futuro de la iglesia, con relación a nuestra niñez. Para poder obtener los resultados esperados, se realizaron censos y las entrevistas nos llevaron a los siguientes resultados:La última recomendación tenía que ver con el proceso de atención de nuestros misioneros y pastores. Había que prepararlos para una Iglesia que esperaba mucho de cada uno. Por lo tanto, en este momento: 28 pastores tienen una Maestría en Vida Familiar, 17 están por terminar una Maestría en Religión y 3 hacen planes para terminar estudios Doctorales.Todo esto nos hace pensar en los desafíos que tenemos para presentar a la Iglesia un trabajo más efectivo, encaminando nuestros objetivos a una misión más clara de la Iglesia.

1. Debemos de establecer un programa de Evangelismo Infantil, ya que había en el momento de iniciar nuestro trabajo cerca de 14.000 niños en todo el campo.

2. Era necesario proporcionar un Plan de Educación Cristiana a través de nuestras escuelas de enseñanza primaria y secundaria. Por todo esto y según el informe del Departamento de Ministerios de la Iglesia, en este momento, se están atendiendo 17.085 niños proveyéndoles de material para sus clases en cada una de las iglesias. Y atendiéndoles en escuelas de iglesia que suman 34.

 

Nuestras Creencias

 

    Los Adventistas del Séptimo Día aceptamos la Biblia como nuestro único credo,  y sostenemos ciertas creencias fundamentales como las enseñanzas de la Sagradas Escrituras. Estas creencias, según lo establecido aquí, constituyen la comprensión y expresión de la iglesia de la enseñanza de la Escritura. Pueden esperarse revisiones de estas declaraciones en una Sesión de la Asociación General cuando la iglesia es guiada por el Espíritu Santo a una comprensión más completa de la verdad de la Biblia o encuentra un lenguaje mejor en el cual expresar las enseñanzas de la Santa Palabra de Dios.

1.-LA PALABRA DE DIOS

Las Sagradas Escrituras, que abarcan el Antiguo y el Nuevo Testamento, constituyen la Palabra de Dios escrita, transmitida por inspiración divina mediante santos hombres de Dios que hablaron y escribieron impulsados por el Espíritu Santo. Por medio de esta Palabra, Dios ha comunicado a los seres humanos el conocimiento necesario para alcanzar la salvación. Las Sagradas Escrituras son la infalible revelación de la voluntad divina. Son la norma del carácter, el criterio para evaluar la experiencia, la revelación autorizada de las doctrinas, un registro fidedigno de los actos de Dios realizados en el curso de la historia. 2 Ped. 1: 20, 21; 2 Tim. 3: 16, 17; Sal. 119: 105; Prov. 30: 5, 6; Isa. 8: 20; Juan 17: 17; 1 Tes. 2: 13; Heb. 4: 12.

2.-LA DEIDAD

Hay un solo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, una unidad de tres personas coeternas. Dios es inmortal, todopoderoso, omnisapiente, superior a todos y omnipresente. Es infinito y escapa a la comprensión humana, aunque lo podemos conocer por medio de su auto revelación. Es digno para siempre de reverencia, adoración y servicio por parte de toda la creación. Deut. 6: 4;  Mat. 28: 19; 2 Cor. 13: 14; Efe. 4: 4-6; 1 Ped. 1: 2; 1 Tim. 1: 17;Apoc. 14: 7.

3.-DIOS EL PADRE

Dios el Padre eterno es el Creador, Originador, Sustentador y Soberano de toda la creación. Es justo y santo, misericordioso y clemente, tardo en airarse, y abundante en amor y fidelidad. Las cualidades y las facultades que se muestran en el Hijo y en el Espíritu Santo son asimismo manifestaciones del Padre. Gen. 1: 1; Apoc. 4: 11; 1 Cor. 15: 28; Juan 3: 16; 1 Juan 4: 8; 1 Tim. 1: 17; Éxo. 34: 6, 7; Juan 14: 9.

4.-DIOS EL HIJO

Dios el Hijo Eterno se encarnó en Jesucristo. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, se reveló el carácter de Dios, se llevó a cabo la salvación de la humanidad y se juzga al mundo. Aunque es verdadero y eternamente Dios, llegó a ser también verdaderamente hombre, Jesús el Cristo. Fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María. Vivió y experimentó la tentación como ser humano, pero ejemplificó perfectamente la justicia y el amor de Dios. Mediante sus milagros manifestó el poder de Dios y fue confirmado como el Mesías prometido de Dios. Sufrió y murió voluntariamente en la cruz por nuestros pecados y en nuestro lugar, resucitó de entre los muertos y ascendió para ministrar en el Santuario celestial en favor nuestro. Volverá otra vez en gloria para liberar definitivamente a su pueblo y restaurar todas las cosas. Juan 1: 1-3, 14; Coi. 1: 15-19; Juan 10: 30; 14: 9; Rom. 6: 23; 2 Cor. 5; 17-19; Juan 5: 22; Lúe. 1: 35; Fu. 2: 5-11; Heb. 2: 9-18; 1 Cor. 15: 3, 4;Heb. 8: 1,2; Juan 14: 1-3.

5.-DIOS EL ESPIRITU SANTO

Dios el Espíritu Eterno desempeñó una parte activa con el Padre y el Hijo en la creación, la encarnación y la redención. Inspiró a los autores de las Escrituras. Infundió poder a la vida de Cristo. Atrae y convence a los seres humanos, y renueva a los que responden y los transforma a la imagen de Dios. Enviado por el Padre y el Hijo para estar siempre con sus hijos, concede dones espirituales a la iglesia, la capacita para dar testimonio en favor de Cristo y, en armonía con las Escrituras, la guía a toda la verdad. Gen. 1: 1, 2; Lúe. 1: 35; 4: 18; Hech. 10: 38; 2 Ped. 1: 21; 2 Cor. 3: 18; Efe. 4: 11, 12; Hech. 1: 8; Juan 14: 16-18, 26; 15: 26, 27; 16: 7-13.

6.-LA CREACION

Dios es el Creador de todas las cosas, y ha revelado en las Escrituras el relato auténtico de su actividad creadora. El Señor hizo en seis días “los cielos y la tierra” y todo ser viviente que la habita, y reposó en el séptimo día de aquella primera semana. De ese modo estableció el sábado como un monumento perpetuo conmemorativo de la terminación de su obra crea¬dora. El primer hombre y la primera mujer fueron hechos a la imagen de Dios como corona de la creación, se les dio dominio sobre el mundo y la responsabilidad de cuidar de él. Cuando el mundo quedó terminado era “bueno en gran manera”, proclamando la gloria de Dios. Gen. 1; 2; Éxo. 20: 8-11; Sal. 19: 1-6; 33: 6, 9; 104; Heb. 11: 3.

7.-LA NATURALEZA HUMANA

El hombre y la mujer fueron hechos a la imagen de Dios, con individualidad propia, y con la facultad y la libertad de pensar y obrar. Aunque fueron creados como seres libres, cada uno es una unidad indivisible de cuerpo, mente y espíritu; que depende de Dios para la vida, el aliento y para todo lo demás. Cuando nuestros primeros padres desobedecieron a Dios, negaron su dependencia de él y cayeron de la elevada posición que ocupaban como dependientes de Dios. La imagen de Dios en ellos se desfiguró y quedaron sujetos a la muerte. Sus descendientes participan de esta naturaleza caída y de sus consecuencias. Nacen con debilidades y tendencias hacia el mal. Pero Dios, en Cristo, reconcilió al mundo consigo mismo y, por medio de su Espíritu Santo, restaura en los mortales penitentes la imagen de su Hacedor. Creados para la gloria de Dios, son llamados a amarlo a él y a amarse mutuamente, y a cuidar del medio ambiente. Gen. 1: 26-28; 2: 7; Sal. 8: 48; Hech. 17: 24-28; Gen. 3; Sal. 51: 5; Rom. 5: 12-17; 2 Cor. 5: 19, 20; Sal. 51: 10; 1 Juan 4: 7, 8, 11, 20; Gen. 2: 15. 

 8.-EL GRAN CONFLICTO

Toda la humanidad se halla ahora inmersa en un gran conflicto entre Cristo y Satanás en cuanto al carácter de Dios, su ley y su soberanía sobre el universo. Este conflicto se originó en el cielo cuando un ser creado, dotado de libre albedrío, se exaltó a sí mismo y se convirtió en Satanás, el adversario de Dios, y condujo a la rebelión a una parte de los ángeles. Satanás introdujo el espíritu de rebelión en este mundo cuando indujo a Adán y Eva a pecar. El pecado humano produjo como resultado la distorsión de la imagen de Dios en la humanidad, el trastorno del mundo creado y, posteriormente, su completa devastación en ocasión del diluvio universal. Observado por toda la creación, este mundo se convirtió en el campo de batalla del conflicto universal, a cuyo término el Dios de amor quedará finalmente vindicado. Para ayudar a su pueblo en este conflicto, Cristo envía al Espíritu Santo y a los ángeles leales para guiarlo, protegerlo y sostenerlo en el camino de la salvación. Apoc. 12: 4-9; Isa. 14: 12-14; Eze. 28: 12-18; Gen. 3; Rom. 1: 19-32; 5: 12-21; 8: 19-22; Gen. 6-8; 2 Ped. 3: 6; 1 Cor. 4: 9; Heb. 1: 14.

 9.-LA VIDA, MUERTE Y RESURRECCION DE CRISTO

En la vida de Cristo de perfecta obediencia a la voluntad de Dios, y en sus sufrimientos, su muerte y su resurrección, Dios proveyó el único medio para expiar el pecado humano; de manera que quienes por fe aceptan esta expiación puedan tener vida eterna, y toda la creación pueda comprender mejor el infinito y santo amor del Creador. Esta expiación perfecta vindica la justicia de la ley de Dios y la benignidad de su carácter; porque condena nuestro pecado, y garantiza nuestro perdón. La muerte de Cristo es vicaria y expiatoria, reconciliadora y transformadora. La resurrección de Cristo proclama el triunfo de Dios sobre las fuerzas del mal, y les garantiza la victoria final sobre el pecado y la muerte a los que aceptan la expiación. Proclama el señorío de Jesucristo, ante quien se doblará toda rodilla en el cielo y en la tierra. Juan 3: 16; Isa. 53; 1 Ped. 2: 21, 22; 1 Cor. 15: 3, 4, 20-22; 2 Cor: 5: 14, 15, 19-21; Rom: 1: 4; 3: 25; 4: 25; 8: 3, 4; 1 Juan 2: 2; 4: 10; Col. 2: 15;Fil. 2:6-11.

10.-LA EXPERIENCIA DE LA SALVACION

Con amor y misericordia infinitos, Dios hizo que Cristo, que no conoció pecado, fuera hecho pecado por nosotros, para que nosotros pudiésemos ser hechos justicia de Dios en él. Guiados por el Espíritu Santo sentimos nuestra necesidad, reconocemos nuestra pecaminosidad, nos arrepentimos de nuestras transgresiones, y ejercemos fe en Jesús como Señor y Cristo, como sustituto y ejemplo. Esta fe que acepta la salvación nos llega por medio del poder divino de la Palabra y es un don de la gracia de Dios. Mediante Cristo somos justificados, adoptados como hijos e hijas de Dios y liberados del dominio del pecado. Por medio del Espíritu nacemos de nuevo y somos santificados; el Espíritu renueva nuestras mentes, graba la ley de amor de Dios en nuestros corazones y nos da poder para vivir una vida santa. Al permanecer en él somos participantes de la naturaleza divina y tenemos la seguridad de la salvación ahora y en ocasión del juicio. 2 Cor. 5: 17-21; Juan 3: 16; Gal. 1: 4; 4: 4-7; Tito 3: 3-7;Juan 16: 8; Gal. 3: 13, 14; 1 Ped. 2: 21, 22; Rom. 10: 17; Lúe. 17: 5; Mar. 9: 23, 24; Efe. 2: 5-10; Rom. 3: 21-26; Col. 1: 13, 14; Rom. 8: 14-17; Gal. 3: 26; Juan 3: 3-8; 1 Ped. 1: 23; Rom. 12: 2; Heb. 8: 7-12; Eze. 36: 25-27; 2 Ped. 1: 3, 4; Rom. 8: 1-4; 5: 6-10.

 11.-CRECER EN CRISTO

Jesús triunfó sobre las fuerzas del mal por su muerte en la cruz. Quien subyugó los espíritus demoniacos durante su ministerio terrenal, quebranto su poder y aseguró su destrucción definitiva. La victoria de Jesús nos da la victoria sobre las fuerzas del mal que aún tratan de dominarnos, mientras caminamos con él en paz, gozo y en la seguridad de su amor. Ahora, el Espíritu Santo mora en nosotros y nos capacita con poder. Entregados continuamente a Jesús como nuestro Salvador y Señor, somos libres de la carga de nuestras acciones pasadas. Ya no vivimos en las tinieblas, ni en el temor de los poderes malignos, ni en la ignorancia y falta de sentido de nuestro antiguo estilo de vida. En esta nueva libertad en Jesús, somos llamados a crecer a la semejanza de su carácter, manteniendo diariamente comunión con él en oración, alimentándonos de su Palabra, meditando en ella y en su providencia, cantando sus alabanzas, reuniéndonos juntos para adorar, y participando en la misión de la iglesia. Al darnos en amoroso servicio a aquellos que nos rodean y al dar testimonio de su salvación, Cristo, en virtud de su presencia constante con nosotros por medio del Espíritu, transforma cada uno de nuestros momentos y cada una de nuestras tareas en una experiencia espiritual (Sal. 1:1, 2; 23:4; 77:11, 12; Col. 1:13, 14: 2:6, 14, 15; Luc. 10:17-20; Efe. 5:19, 20; 6:12-18; 1 Tes. 5:23; 2 Ped. 2:9; 3:18; 2 Cor. 3:17, 18; Fil. 3:7-14; 1 Tes. 5:16-18; Mat. 20:25-28; Juan 20:21; Gál. 5:22-25; Rom. 8:38, 39; 1 Juan 4:4; Heb. 10:25). 

12.-LA IGLESIA

La iglesia es la comunidad de creyentes que confiesan que Jesucristo es Señor y Salvador. Como continuadores del pueblo de Dios del Antiguo Testamento, se nos invita a salir del mundo; y nos congregamos para adorar, para estar en comunión unos con otros, para recibir instrucción en la Palabra, para la celebración de la Cena del Señor, para servir a toda la humanidad y para proclamar el evangelio en todo el mundo. La iglesia recibe su autoridad de Cristo, que es la Palabra encarnada, y de las Escrituras, que son la Palabra escrita. La iglesia es la familia de Dios; adoptados por él como hijos, vivimos sobre la base del nuevo pacto. La iglesia es el cuerpo de Cristo, es una comunidad de fe, de la cual Cristo mismo es la cabeza. La iglesia es la esposa por la cual Cristo murió para poder santificarla y purificarla. Cuando se produzca su regreso triunfal, él presentará para sí mismo una iglesia gloriosa, los fieles de todas las edades, adquiridos por su sangre, una iglesia sin mancha, ni arruga, sino santa y sin defecto. Gen. 12: 3; Hech. 7: 38; Efe. 4: 11-15; 3: 8-11; Mat. 28: 19, 20; 16: 13- 20; 18: 18; Efe. 2: 19-22; 1: 22, 23; 5: 23-27; Col. 1: 17, 18.

 13.-EL REMANENTE Y SU MISION

La iglesia universal está compuesta de todos los que creen verdaderamente en Cristo; pero en los últimos días, una época de apostasía generalizada, ha sido llamado un remanente para que guarde los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Este remanente anuncia la llegada de la hora del juicio, proclama la salvación por medio de Cristo y pregona la proximidad de su segunda venida. Esta proclamación está simbolizada por los tres ángeles de Apocalipsis 14; coincide con la obra del juicio en los cielos y, como resultado, se produce una obra de arrepentimiento y reforma en la tierra. Se invita a todos los creyentes a participar personalmente en este testimonio mundial. Apoc. 12: 17; 14: 6-12; 18: 1-4; 2 Cor. 5: 10;Jud. 3, 14; 1 Ped. 1: 16-19; 2 Ped. 3: 10-14; Apoc. 21: 1-14.

14.-LA UNIDAD EN EL CUERPO DE CRISTO

La iglesia es un cuerpo constituido por muchos miembros, llamados de entre todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. En Cristo somos una nueva creación; las diferencias de raza, cultura, educación y nacionalidad, y las diferencias entre encumbrados y humildes, ricos y pobres, varones y mujeres, no deben causar divisiones entre nosotros. Todos somos iguales en Cristo, quien por un mismo Espíritu nos unió en comunión con él y los unos con los otros; debemos servir y ser servidos sin parcialidad ni reservas. Por medio de la revelación de Jesucristo en las Escrituras, participamos de la misma fe y la misma esperanza, y damos a todos un mismo testimonio. Esta unidad tiene sus orígenes en la unicidad del Dios triuno, que nos adoptó como hijos suyos. Rom. 12: 4, 5; 1 Cor. 12:12-14; Mat. 28:19,20; Sal. 133: 1; 2 Cor. 5: 16, 17; Hech. 17:26,27; Gal. 3: 27, 29; Col. 3: 10-15; Efe. 4:14-16; 4: 1-6; Juan 17: 20-23.

15.-EL BAUTISMO

Por medio del bautismo confesamos nuestra fe en la muerte y resurrección de Jesucristo, y damos testimonio de nuestra muerte al pecado y de nuestro propósito de andar en novedad de vida. De este modo reconocemos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, llegamos a ser su pueblo y somos recibidos como miembros de su iglesia. El bautismo es un símbolo de nuestra unión con Cristo, del perdón de nuestros pecados y de la recepción del Espíritu Santo. Se realiza por inmersión en agua, y depende de una afirmación de fe en Jesús y de la evidencia de arrepentimiento del pecado. Es un paso que sigue a la instrucción en las Sagradas Escrituras y a la aceptación de sus enseñanzas. Rom. 6: 1-6; Col. 2: 12, 13; Hech. 16: 30-33; 22: 16; 2: 38; Mat. 28: 19,20.

 17.-LOS DONES Y MINISTERIOS ESPIRITUALES

Dios concede a todos los miembros de su iglesia, en todas las épocas, dones espirituales para que cada miembro los emplee en un amoroso ministerio por el bien común de la iglesia y de la humanidad. Concedidos mediante la operación del Espíritu Santo, que los distribuye entre cada miembro según su voluntad, los dones proveen todos los ministerios y talentos que la Iglesia necesita para cumplir sus funciones divinamente ordenadas. De acuerdo con las Escrituras, estos dones incluyen ministerios -tales como fe, sanidad, profecía, predicación, enseñanza, administración, reconciliación, compasión, servicio abnegado y caridad-, para ayudar y animar a nuestros semejantes. Algunos miembros son llamados por Dios y dotados por el Espíritu para ejercer funciones reconocidas por la Iglesia en los ministerios pastorales, de evangelización, apostólicos y de enseñanza, particularmente necesarios con el fin de equipar a los miembros para el servicio, edificar a la iglesia con el objeto de que alcance la madurez espiritual, y promover la unidad de la le y el conocimiento de Dios. Cuando los miembros emplean estos dones espirituales como fieles mayordomos de la multiforme gracia de Dios, la iglesia queda protegida de la influencia destructora de las falsas doctrinas, crece gracias a un desarrollo que procede de Dios, y se edifica en la fe y el amor. Rom. 12:4-8; 1 Cor. 12:9-11, 27, 28; Efe. 4: 8,11-16; Hech. 6:1-7; 1 Tim. 3:1-13; 1 Ped. 4:10, 11. 

18.-EL DON DE PROFECIA

Uno de los dones del Espíritu Santo es el de profecía. Este don es una señal identificadora de la iglesia remanente y se manifestó en el ministerio de Elena G. de White. Como mensajera del Señor, sus escritos son una permanente y autorizada fuente de verdad que proporciona consuelo, dirección, instrucción y corrección a la iglesia. Estos escritos establecen con claridad que la Biblia es la norma por la cual debe ser probada toda enseñanza y toda experiencia. Joel 2: 28, 29; Hech. 2: 14-21; Heb. 1: 1-3; Apoc. 12: 17; 19: 10. 

 19.-LA LEY DE DIOS

Los grandes principios de la ley de Dios están incorporados en los Diez Mandamientos y ejemplificados en la vida de Cristo. Expresan el amor, la voluntad y el propósito de Dios con respecto a la conducta y a las relaciones humanas, y son obligatorios para todas las personas en todas las épocas. Estos preceptos constituyen la base del pacto de Dios con su pueblo y son la norma del juicio divino. Por medio de la obra del Espíritu Santo, señalan el pecado y despiertan el sentido de la necesidad de un Salvador. La salvación es totalmente por la gracia y no por las obras, pero su fruto es la obediencia a los mandamientos. Esta obediencia desarrolla el carácter cristiano y da como resultado una sensación de bienestar espiritual. Es una evidencia de nuestro amor al Señor y de nuestra preocupación por nuestros semejantes. La obediencia por fe demuestra el poder de Cristo para transformar las vidas y, por lo tanto fortalece el testimonio cristiano. Éxo. 20: 1-17; Sal. 40: 7, 8; Mal. 22: 36-40; Deut. 28: 1-14; Mat. 5: 17-20; Heb. 8: 8-10; Juan 15: 7-10; Efe. 2: 8-10; 1 Juan 5: 3; Rom. 8: 3, 4; Sal. 19:7-14.

20.-EL SABADO

El bondadoso Creador, después de los seis días de la creación, descansó el séptimo día, e instituyó el sábado para todos los seres humanos como un monumento conmemorativo de la creación. El cuarto mandamiento de la inmutable ley de Dios requiere la observancia del séptimo día, sábado, como día de reposo, adoración y servicio, en armonía con las enseñanzas y la práctica de Jesús, el Señor del sábado. El sábado es un día de agradable comunión con Dios y con nuestros hermanos. Es un símbolo de nuestra redención en Cristo, una señal de nuestra santificación, una demostración de nuestra lealtad y una anticipación de nuestro futuro eterno en el reino de Dios. El sábado es la señal perpetua del pacto eterno entre él y su pueblo. La gozosa observancia de este tiempo sagrado, de un atardecer hasta el siguiente, de puesta de sol a puesta de sol; es una celebración de la obra creadora y redentora de Dios. Gen. 2: 1-3; Éxo. 20: 8-11; Lúe. 4: 16; Isa. 56: 5, 6; 58: 13, 14; Mat. 12: 1-12; Éxo. 31: 13-17; Eze. 20: 12, 20; Deut. 5: 12-15; Heb. 4: 1-11; Lev. 23: 32; Mar. 1: 32.

21.-LA MAYORDOMIA

Somos mayordomos de Dios, a quienes se nos ha confiado tiempo y oportunidades, bienes y talentos, y las bendiciones de la tierra y sus recursos. Y somos responsables ante él por el empleo adecuado de todas esas dádivas. Reconocemos el derecho de propiedad por parte de Dios mediante nuestro servicio fiel a él y a nuestros semejantes, y mediante la devolución de los diezmos y las ofrendas que entregamos para la proclamación de su evangelio y para el sostén y desarrollo de su iglesia. La mayordomía es un privilegio que Dios nos ha concedido para que crezcamos en amor y para que logremos la victoria sobre el egoísmo y la codicia. El mayordomo fiel se regocija por las bendiciones que reciben los demás como fruto de su fidelidad. Gen. 1: 26-28; 2: 15; 1 Crón. 29: 14; Hag. 1: 3-11; Mal. 3: 8-12; 1 Cor. 9: 9-14; Mat. 23: 23; 2 Cor. 8: 1-15; Rom. 15: 26, 27. 

 22.-LA CONDUCTA CRISTIANA

Somos llamados a ser un pueblo piadoso que piense, sienta y actúe en armonía con los principios del cielo. Para que el Espíritu recree en nosotros el carácter de nuestro Señor, participamos únicamente en lo que produzca en nuestra vida pureza, salud y gozo cristiano. Esto significa que nuestras recreaciones y nuestros entretenimientos estarán en armonía con las más elevadas normas de gusto y belleza cristianas. Si bien aceptamos las diferencias culturales, nuestra vestimenta debe ser sencilla, modesta y de buen gusto, como corresponde a aquellos cuya verdadera belleza no consiste en el adorno exterior, sino en el inmarcesible ornamento de un espíritu apacible y tranquilo. Significa también que debido a que nuestros cuerpos son el templo del Espíritu Santo, debemos cuidarlos inteligentemente. Junto con la práctica adecuada del ejercicio y el descanso, debemos adoptar un régimen alimentario lo más saludable posible, y abstenernos de los alimentos inmundos, identificados como tales en las Escrituras. Considerando que las bebidas alcohólicas, el tabaco y el uso irresponsable de drogas y narcóticos son dañinos para nuestros cuerpos, debemos también abstenernos de todo ello. En cambio, debemos participar en todo lo que ponga nuestros pensamientos y nuestros cuerpos en armonía con la disciplina de Cristo, quien quiere que gocemos de salud, de alegría y de todo lo bueno. Rom. 12: 1, 2; 1 Juan 2: 6; Efe. 5: 1-21; Eil. 4: 8; 2 Cor. 10: 5; 6: 14-7: 1; 1 Ped. 3: 1-4; 1 Cor. 6: 19, 20; 10: 31; Lev. 11: 1-47; 3 Juan 2.

23.-EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

El matrimonio fue establecido por Dios en el Edén y confirmado por Jesús para que fuera una unión para toda la vida entre un hombre y una mujer, en amante compañerismo. Para el cristiano, el matrimonio es un compromiso con Dios y con el cónyuge, y debiera celebrarse únicamente entre personas que comparten la misma fe. El amor mutuo, el honor, el respeto y la responsabilidad constituyen la estructura de esa relación, que debe reflejar el amor, la santidad, la intimidad y la perdurabilidad de la relación que existen entre Cristo y su iglesia. Con respecto al divorcio, Jesús enseñó que la persona que se divorcia, a menos que sea por causa de fornicación, y se casa con otra persona, comete adulterio. Aunque algunas relaciones familiares estén lejos de ser ideales, los cónyuges que se dedican plenamente el uno al otro pueden, en Cristo, lograr una amorosa unidad gracias a la dirección del Espíritu y a la instrucción de la iglesia. Dios bendice a la familia y quiere que sus miembros se ayuden mutuamente hasta alcanzar la plena madurez. Los padres deben criar a sus hijos para que amen y obedezcan al Señor. Tienen que enseñarles, mediante el precepto y el ejemplo, que Cristo disciplina amorosamente, que siempre es tierno, que se preocupa por sus criaturas, y que quie¬re que lleguen a ser miembros de su cuerpo, la familia de Dios. Una creciente intimidad familiar es uno de los rasgos característicos del último mensaje evangélico.

 Gen. 2: 18-25; Mat. 19: 3-9; Juan 2: 1-11; 2 Cor. 6: 14; Efe. 5: 21-33; Mat. 5: 31, 32; Mar. 10: 11, 12; Lúe. 16: 18; 1 Cor. 7: 10, ll;Éxo. 20: 12; Efe. 6: 1-4; Deut. 6: 5-9; Prov 22: 6; Mal. 4: 5, 6.

24.-EL MINISTERIO DE CRISTO EN EL SANTURIO CELESTIAL

Hay un Santuario en el cielo, el verdadero tabernáculo que el Señor erigió y no el hombre. En él ministra Cristo en favor nuestro, para poner a disposición de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido una vez y para siempre en la cruz. Cristo llegó a ser nuestro gran Sumo Sacerdote y comenzó su ministerio intercesor en ocasión de su ascensión. En 1844, al concluir el período profético de los 2.300 días, inició la segunda y última fase de su ministerio expiatorio. Esta obra es un juicio investigador, que forma parte de la eliminación definitiva del pecado, prefigurada por la purificación del antiguo santuario hebreo en el Día de la Expiación. En el servicio simbólico, el santuario se purificaba mediante la sangre de los sacrificios de animales, pero las cosas celestiales se purifican mediante el perfecto sacrificio de la sangre de Jesús. El juicio investigador revela a las inteligencias celestiales quiénes de entre los muertos duermen en Cristo, siendo, por lo tanto, considerados dignos, en él, de participar en la primera resurrección. También pone de manifiesto quién, de entre los vivos, permanece en Cristo, guardando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, estando, por lo tanto, en él, preparado para ser trasladado a su reino eterno. Este juicio vindica la justicia de Dios al salvar a los que creen en Jesús. Declara que quienes permanecieron leales a Dios recibirán el reino. La conclusión de este ministerio de Cristo señalará el fin del tiempo de prueba otorgado a los seres humanos antes de su segunda venida. Heb. 8: 1-5; 4: 14-16; 9: 11-28; 10: 19-22; 1: 3; 2: 16, 17; Dan. 7: 9-27; 8: 13,14; 9: 24-27; Núm. 14: 34; Eze. 4: 6; Lev. 16; Apoc. 14: 6, 7; 20: 1.2; 14: 12; 22: 12.

 25.-LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO

La segunda venida de Cristo es la bienaventurada esperanza de la iglesia, la gran culminación del evangelio. La venida del Salvador será literal, personal, visible y de alcance mundial. Cuando el Señor regrese, los justos muertos resucitarán y, junto con los justos que estén vivos, serán glorificados y llevados al cielo; pero los impíos morirán. El hecho de que la mayor parte de las profecías esté alcanzando su pleno cumplimiento, unido a las actuales condiciones del mundo, nos indica que la venida de Cristo es inminente. El momento en que ocurrirá este acontecimiento no ha sido revelado, y por lo tanto se nos exhorta a estar en todo momento preparados. Tito 2: 13; Heb. 9: 28; Juan 14: 1-3; Hech. 1: 9-11; Mat. 24: 14; Apoc. 1:7; Mat. 24: 43, 44; 1 Tes. 4: 13-18; 1 Cor. 15: 51-54; 2 Tes. 1: 7-10; 2: 8; Apoc. 14: 14-20; 19: 11-21; Mat. 24; Mar. 13; Lúe. 21; 2 Tim. 3: 1-5; 1 Tes. 5: 1-6.

26.-LA MUERTE Y LA RESURRECCION

La paga del pecado es la muerte. Pero Dios, el único que es inmortal, otorgará vida eterna a sus redimidos. Hasta ese día, la muerte constituye un estado de inconsciencia para todos los que han fallecido. Cuando Cristo, que es nuestra vida, aparezca, los justos resucitados y los justos vivos serán glorificados, todos juntos serán arrebatados para salir al encuentro de su Señor. La segunda resurrección, la resurrección de los impíos, ocurrirá mil años después. Rom. 6: 23; 1 Tim. 6: 15, 16; Ecl. 9: 5, 6; Sal. 146: 3, 4; Juan 11: 11-14; Col. 3: 4; 1 Cor. 15: 51-54; 1 Tes. 4: 13-17; Juan 5: 28, 29; Apoc. 20: 1-10. 

27.-EL MILENIO Y EL FIN DEL PECADO

El milenio es el reino de mil años de Cristo con sus santos en el cielo, y se extiende entre la primera y la segunda resurrección. Durante ese tiempo serán juzgados los impíos; la tierra estará completamente desolada, desprovista de vida humana, pero sí ocupada por Satanás y sus ángeles. Al terminar ese período, Cristo y sus santos y la santa ciudad descenderán del cielo a la tierra. Los impíos muertos resucitarán entonces y, junto con Satanás y sus ángeles, rodearán la ciudad; pero el fuego de Dios los consumirá y purificará la tierra. De ese modo el universo será librado del pecado y de los pecadores para siempre. Apoc. 20; 1 Cor. 6: 2, 3; Jer. 4: 23-26; Apoc. 21: 1-5; Mal. 4: 1; Eze. 28: 18, 19.

 28.-LA TIERRA NUEVA

En la Tierra Nueva, donde morará la justicia, Dios proporcionará un hogar eterno para los redimidos y un ambiente perfecto para la vida, el amor, el gozo y el aprendizaje eterno en su presencia. Porque allí Dios mismo morará con su pueblo, y el sufrimiento y la muerte terminarán para siempre. El gran conflicto habrá terminado y el pecado no existirá más. Todas las cosas, animadas e inanimadas, declararán que Dios es amor; y él reinará por siempre. Amén. 2 Ped. 3: 13; Isa. 35; 65: 17-25; Mat. 5: 5; Apoc. 21: 1-7; 22: 1-5; 11: 15.

 

 

Estructura y Organización

 

 

    La Iglesia Adventista del Séptimo Día está organizada con una estructura jerárquica bien definida, que concede poderes y responsabilidades a representantes y oficiales. Cuatro niveles definen la estructura de la Iglesia, desde el creyente individual hasta la organización mundial

  • La Iglesia local está compuesta de creyentes individuales.
  • El Campo o Misión local, se compone de varias iglesias en un territorio definido que puede abarcar toda una Región o parte de ella.
  • La Unión se compone de Campos y Misiones dentro de un territorio mayor (frecuentemente un grupo de regiones o un país entero).
  • La Asociación General, es la unidad más extensa de la organización, se compone de todas las Uniones de todas partes del mundo. Estas Uniones están agrupadas en Divisiones de la Asociación General, con responsabilidad administrativa para áreas geográficas particulares, que abarcan normalmente continentes enteros o gran parte de ellos.

    Cada nivel refleja un proceso democrático de formación y elección. Iglesias locales eligen a sus propios oficiales. Un proceso semejante ocurre en las sesiones de las Uniones, Divisiones y de la Asociación General.

   En todo el mundo, los Adventistas sirven a la comunidad, dando servicios diversos, procurando siempre mejorar la calidad de vida de las personas. Educación, salud y otras áreas afines, son su prioridad.

   La Asociación General es la autoridad máxima de la Iglesia. La Asociación General en sesión tiene autoridad por su constitución, para crear organizaciones subordinadas, y promover intereses específicos en varias partes del mundo. Cuando surgen diferencias entre organizaciones e instituciones, la autoridad más próxima un nivel más alto es quien tiene poder para dirimir el asunto.

   La Iglesia tiene 12 Divisiones esparcidas por el mundo. Acompañamos a continuación las principales características de cada una de ellas:

  • Africa Océano Índico: Compuesta por 32 países, principalmente de lengua francesa, localizadas en Africa y algunas Islas del Océano Indico.
  • Este-Africa: 10 naciones principalmente a lo largo de la costa oriental de Djibouti hasta Botswana.
  • Euro-Africa: Son tres naciones de lengua portuguesa, localizadas en Africa y además 25 países del centro de Europa, unidos por idiomas comunes.
  • Euro-Asia: Estados de la comunidad de Estados Independientes (países nacidos de la antigua Unión Soviética).
  • Interamericana: 46 naciones, inclusive México, e islas caribeñas y cuatro países en el lado norte de América del Sur.
  • Norte Americana: Estados Unidos, Canadá, Islas Bermudas, dos Islas en el Océano Pacífico, hasta Hawai, y dos localidades en la costa de New Foundland.
  • Asia Pacífico Norte: Seúl, Corea, China, Japón y Mongolia.
  • Sudamericana: 8 naciones de América del Sur.
  • Sur del Asia: India, Nepal, Butao, y las Islas de Maldive.
  • Asia Pacífico Sur: 13 países en el Oriente e Islas del Pacífico.
  • Transeuropea: 30 Naciones, entre ellas Inglaterra, Escandinavia, sur de Polonia, parte de Grecia y algunos países de Oriente Medio, Pakistán y Afganistán.
  1. virgilio
    19/02/2014 a las 12:57 AM

    Dios continúe bendiciendo al pueblo adventista

  2. 08/06/2013 a las 12:27 PM

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  4. judith massey villalobos
    04/06/2011 a las 5:36 PM

    Excelente queridos hermanos por el material, asi podremos acelerar la segunda venida de nuestro señor JESUCRISTO, muchas bendiciones para este ministerio

  5. Manuel Soto Gutiérrez
    26/04/2011 a las 12:01 AM

    Ha sido una bendición esta página, gracias a los que la crearon.

  6. nelson linares
    08/12/2010 a las 12:00 AM

    hno bendiciones me da gusto saludarlos
    esperando sigan adelante siempre
    me gustaria que uds
    todos los ministerios protestantes
    se pusieran de acuerdo ha no hacer los cervicios los domingos
    si estamos luchando contra la gran rramera
    pero todos los ministerios hacen sus cultos siempre el domingo como el cervicio estelar
    DIOS ME LOS BENDIGA

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